No pudo ser

Disculpen amigos por no haber actualizado mi bitácora a tiempo, pero me robaron el Vitara y he estado un poco ocupado con el asunto. Pero vayamos por partes.

Apenas llegué a la ofi después de mis vacaciones Mompichescas, me encontré con la sorpresa de que ahora en Cordes somos ecologistas y apoyamos la iniciativa Yasuní-ITT. Al menos eso es lo que escribió el Vicente en El Comercio la semana pasada.

Cuando entró a la ofi, tuve que decirle lo que pensaba: “Oye Vicente, qué te pasa, tu odio a Correa va a ser que te metas a miembro de Greenpeace y te afilies al Partido Acostista Ecuatoriano”. Se lo dije en son de broma, pero creo que el Vicente no tiene mucho sentido del humor, porque ni siquiera me alzó a ver.

El tipo no se portó muy bien conmigo (¿y con esa simpatía quiere meterse en política?), pero la culpa no es suya. En realidad, tengo que aceptar que nadie me para mucha bola solo porque soy ingeniero en sistemas, y me identifican simplemente como el tipo que arregla las compus.

Todo es por simple mala suerte: la terrible mala suerte de que mi querido padre, don Nicolás Guarderas, haya muerto antes de hora. El pobre tuvo la desgracia de padecer de un derrame cerebral cuando trabajaba para un conocido grupo empresarial que no puedo nombrar para no arruinar mis relaciones. Mi querido padre trabajaba 18 horas diarias, fines de semana incluidos, sin vacaciones, y después de 24 años de ese régimen, su cuerpo no pudo aguantar.

Por eso quedamos con algunas estrecheces económicas, y eso llevó a que mi mamita solo aceptara pagarme la universidad si yo estudiaba algo que tuviera ciertas perspectivas. En esa época todos pensaban que la ingeniería en sistemas era la carrera del futuro…Sí, claro, eso será en otros países, pero no aquí, donde no hay nada más prestigioso que ser sociólogo, economista alternativo (es decir, que no sabe matemáticas), especialista en género o alguna de esas idioteces para trabajar en la industria de las ONGs, el único negocio que prospera.

Quizás si mi papá no se moría, yo hubiera podido estudiar economía y ahora ocuparía el lugar del Vicente, y saldría en la tele, y tal vez hasta conocería en persona a Gabriela Calderón y quién sabe…Gabriela Calderón de Guarderas-Hayek?

Pero bueno, no pudo ser. Para demostrar que no soy solo el que arregla las compus, escribí un artículo y se lo envié a un editor en El Comercio al que conocí en un plantón. Esperé algunos días y ni la hora. Escribí al editor para ver qué había sido de mi artículo, y nada. Así que llamé al Comercio y, por un azar del destino, quien me contestó fue la mismísima señora dueña, doña Guadalupe. Le expliqué mi situación y adivinen qué: ¡la señora había leído mi artículo!, pero me informó que no podía publicarlo por dos razones: primero, porque era demasiado largo (tenía 13457 caracteres); y segundo, porque El Comercio no permitía que los editorialistas se pelearan entre ellos (cuestión de buenas costumbres, los trapos sucios se lavan en casa y esas cosas).

Bueno, fue una decepción, pero al menos la mismísima dueña del diario El Comecio se despidió de mí con un “chao Juan Bernardo” que me dejó anonadado. Estoy seguro de que pronto me van a abrir un espacio, así que voy a seguir mandándoles un artículo cada semana para que se acuerden de mí y se vayan acostumbrando a mi estilo.

Como me quedé con la adrenalina alta, decidí llamar a una amiguita que tengo por ahí y con la que nos gusta jugar a la mano invisible  hasta que llegamos al equilibrio múltiple. En esas estábamos, estacionados en el Vitara en una calle secundaria de Carapungo, cuando de pronto estalló la ventana del lado de ella y nos atacaron dos tipos (¡sí, carajo, eran negros! ¡Y sí, ahora creo en la pena de muerte!). Me dieron un golpe en la nuca, no me dejaron ni acomodarme bien los Calvin Klein, nos sacaron del jeep y se lo llevaron. Me quedé sin carro y con una chica en paños menores a mi lado. ¡Ni siquiera sé si es mayor de edad!

Como todo Guarderas-Hayek es un caballero, acompañé a la chica hasta su casa, con miedo de que el papá me fuera a matar. Pero no. Me recibió la mamá, me hizo sentar, me dio un trago medio raro para el susto, toda amable y al parecer orgullosa de su hija. Lo más chistoso es que, cuando le dije que era ingeniero en sistemas, casi se le salen los ojos de la admiración. Me prestó unos pantalones y unos zapatos del papá y hasta llamó a un taxi. Es inevitable: Guarderas-Hayek es un partidazo! Pero no podrá ser: la chullita es de Carapungo, ya saben…

Mi única preocupación era recuperar el Vitara. Y en esas he estado, poniendo denuncias, tramitando el seguro, recorriendo la ciudad para encontrarlo. Y nada que ver. Probablemente ahora ya esté deshuesado y vendido por partes. Mi único consuelo es imaginarme ahora que todo Vitara que pasa por mi lado quizás tenga una parte del mío.

Ahora tengo que caminar las cinco cuadras desde mi depar hasta Cordes y, para mis otras actividades, ecovía. En cierto modo eso es bueno para la causa, para que los que me vean se den cuenta de que el liberalismo no es una ideología de pelucones.

Y con esa nota positiva en medio de la desgracia, me despido por hoy. Hasta la vista,

JuanBer

Advertisement

1 Respuesta a “No pudo ser”


  1. 1 Kojudo Mayor enero 29, 2010 a las 7:09 pm

    Yo de ti, no desisitiría en seguir enviando cartas a El Comercio. En ese medio son cautelosos, (léase ahuevados) y aunque discrepan con el gobierno en su línea editorial, generalmente bailan al son del gobierno de turno. ¿Quién sabe, talvez algún día te las publiquen? Yo también he mandado cartas replicando al socialista aburguesado del Enrique Ayala Mora y nunca las han publicado; y créeme que en ninguna de ellas uso epítetos o adjetivos, sino argumentos para desestimar sus ponencias. Sin embargo, como el tipo es una de esas vacas sagradas, no permiten que nadie le haga mella.
    En cambio en el HOY si puedes expresarte un poco mas.
    En cuanto a lo de tu Vitara, mejor te das por agradecido de que no te dilataron el orto. Ya ves que hasta en casos tan crasos como el de la chica Nemme, la justicia no sirve para nada y está totalmente degenerada y corrupta. Termanina siendo la muerta, la culpable, y el abuso de poder y de fondos públicos junto a la prepotencia del majadero de turno, solapado por el amargado y acomplejado de Carondelet y sus secuaces rosas el triunfo de una revolución. La gente se ha acostumbrado al hedor de la putrefacción social, nos hemos vuelto inmunes a esa pestilencia y, al igual que en Haití, pasamos por encima de los muertos, o simplemente nos hacemos a un lado, sin siquiera mirarles el rostro. Sigue escribiendo que me has hecho reir.


Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s





Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.